Verso en tres cuartos o de cómo un ignaro conoce al Señor Lara

243 0

Por Eduardo Guerra

No fue sino hasta que escribí este ensayo que conocí al Sr. Lara. No me da pena confesar que me eran ajenos los tangos y boleros de uno de los íconos más representativos de la música mexicana. Luminarias como estas han pasado siempre de largo en mi vida; yo de nada nunca me entero. Sin embargo, ahora que he comenzado a escucharlo no me arrepiento que haya sido un extraño todo este tiempo. Pues me ha encantado. Siento que ahora tengo muchos elementos desde los cuales puedo disfrutar su música, su poesía, sus versos en tres cuartos.

No me malentiendan, por supuesto que oí nombrar al “flaco de oro” en varias ocasiones, pues es una de las figuras artísticas que se mencionan para presumir el talante de lo nacional frente a lo extranjero. También se muestran en pésimas películas mexicanas como ejemplos para iniciar a jóvenes en la literatura. Sin embargo, su incuestionable mote de músico poeta me generaba cierta desconfianza. Más cuando se le entonaba desde diversos programas de chismes en el canal de las estrellas. No obstante, tras escucharlo con atención, una vez que los panoramas del niño se han ampliado, todo elogio que se le haya dado al nacido en Veracruz (según él mismo) está lejos de ser merecido: Me parece que es casi obligatorio.

La grandeza con la que compone no sólo las letras de sus canciones si no las canciones en sí mismas, es de notable rigor técnico y de alta tristeza. Muchos ensayistas mencionan su desconocido origen (incluso para sus hagiógrafos) y destacan su humilde vida como pianista de prostíbulos y bares antes de alcanzar tanta fama y existir con un inconmensurable ego. No obstante, hay humildad en la voz de este músico poeta. Algo de todo ese humo de puta en los bares se le encarnó en la garganta.   

Diversidad de instrumentos acompañan la carne de sus palabras. Como infinidad de mujeres lo hicieron en la cama. Enamorarlas con piano en la alcoba usando frases como “tu párvula boca que siendo tan niña me enseñó a pecar” o imágenes de farolitos tenues van de la mano de un piano que suena triste en cada compás y las historias de prostitutas se conjuntan con requintos, con vaivenes de hamacas, perfumes en la noche, y Veracruz, tema recurrente del cantautor, lejos de la jarana, le habitan violines que penetran el pecho hasta la nostalgia y hacia la entrega.

En sus creaciones se conjuga la voz del artista con la voz de la guitarra. Como miles de años antes, en la época de nuestros ancestros griegos, la poesía lírica se acompañaba justo de un arpa para cantar el verso. Pero ahora, tras la respectiva evolución de cada disciplina, volvemos a encontrarnos en este compositor jarocho, cuyo arte es la perfecta conjugación que no subordina el acorde para destacar el lenguaje; ni la escritura del verbo por la de las notas dentro del pentagrama.

Agustín Lara poseía un oído capaz de aprender la música de los países que visitaba. Además construyó una leyenda alrededor de si mismo para eludir un pasado que la cicatriz en su cara le recordaba. Lo mismo era un “dandy” que un “gangster”. El aplauso que trascendió generaciones y que hacia crecer aún más el ego de este artista nacido en D.F. (cómo señalaba su acta de nacimiento) lo convirtió en el centro de la farándula de su época y en un donjuán implacable.

Fue un autor capaz de magistrales contrastes dentro de sus composiciones como  es el caso de “Aventurera” donde lo que en un momento inicia con seriedad, después de unos compases, se torna en jocosidad y evoluciona a un tono más dramático sin cambiar la melodía de la voz o el tono del discurso lastimero. También destaca el oxímoron agridulce resultante en “Tengo ganas de un beso” cuya última parte, con la frase “aunque después del beso me tenga que ir” y los subsecuentes coros que repiten esta despedida una y otra vez puedan empatar con una melodía tan alegre y tropical.

Agustín Lara,  quien es reconocido como una autoridad para cantarle a la mujer, sin importar su clase, raza o profesión. Logra con sus “palabras de mujer /que yo escuche cerca de ti / junto de ti / muy quedo” la sensación de amor de dolor, de nostalgia

Una noche entera escuchando la precisión de la sílaba acentuada con la nota precisa, es lo que nos depara un desvelo con el Sr. Lara. “Ningún tiempo anterior es mejor, comentó e conferencia alguna vez José Emilio Pacheco; sin embargo, podríamos dejarnos engañar un poco más. Un par de minutos solamente, lo que dura esta experiencia que es oír “María bonita, María del alma” otra vez.

Total 1 Votes
0

¿Cómo mejorarías este artículo?

+ = Verify Human or Spambot ?

0
Rating 0 0 votos

Sobre el autor

Editor y fundador de revista Iboga, literato de formación, mercadólogo digital de profesión y diseñador web cuando hay necesidad.